jueves, 28 de marzo de 2013

DIGOXINA EN FALLA CARDIACA




DIGOXINA EN FALLA CARDIACA.
La controversia continua
Los glucósidos cardiacos han sido utilizados para el manejo de enfermedades cardiovasculares desde su descripción en 1785 por Sir William Withering, con resultados que han sido controvertidos época tras época, a pesar de lo cual no han resignado su posición en el manejo de pacientes con falla cardiaca congestiva, aunque si ha disminuido su utilización.  
Composición química. Tienen un núcleo orgánico, ciclopentano perhidrofenantreno, una lactona y uno o más azucares, unido al carbono 3 de la molécula. El núcleo orgánico y la lactona integran la porción denominada aglicona o genina, la cual le proporciona su acción farmacológica. La posición de la lactona (C17) en el núcleo esteroideo altera el perfil de seguridad y la rapidez de su acción. Hay tres características que lo diferencian de otras moléculas con el mismo núcleo, como el colesterol y las hormonas sexuales entre otros, como son: la fusión de los anillos C y D en posición Cis del núcleo, la presencia de un lactona y de un hidroxilo en la posición C14.
Composición Química de la digoxina

Estos compuestos son hallados en plantas y en el veneno de ciertos animales.  Las preparaciones de uso clínico fueron extraídas de plantas del genero Digitalis y del Estrofantus.  La digitoxina es derivada de la D. purpurea y la digoxina de la D. Lanata, al igual que el lanatosido C y el deslanosido. Del S. gratus se extrae la oubaina.  Sus características farmacocinéticas difieren, por lo que con los preparados antiguos se acumulaba el medicamento y por lo tanto había mayor frecuencia de efectos adversos.
Mecanismo de acción.  Los digitalicos actúan a través de la inhibición de la enzima sodio-potasio ATPasa produciendo un aumento del sodio intracelular y posteriormente del calcio, por el intercambio de sodio por calcio. El aumento de la concentración de calcio incrementa la fuerza de contracción, lo que explica su efecto inotrópico.

En sujetos sanos no aumenta el gasto cardiaco, posiblemente por aumento de la resistencia vascular sistémica, que contrarresta su efecto. Su utilidad en la falla cardiaca aguda es dudosa porque posee una débil acción inotrópica positiva y su efecto benéfico parece estar asociado a su acción neuromoduladora a largo plazo; restaura la sensibilidad de los baroreceptores, por ende disminuye la actividad simpática y en forma indirecta reduce los niveles de renina y vasopresina, aunque también posee efectos simpaticoinhibitorios directos. Se han postulado efectos parasimpáticomimeticos por la estimulación del núcleo central del vago y la sensibilización del tejido cardiaco al efecto de la acetilcolina exógena.  Sus efectos electrofisiológicos están relacionados con su acción sobre la bomba de sodio y el sistema nervioso autónomo; tienen efecto parasimpáticomimetico sobre el miocardio auricular, enlentece la conducción y prolonga el periodo refractario del nodo AV. 
Farmacocinética. Los digitalicos poseen un estrecho margen terapéutico, puesto que las concentraciones séricas efectivas son cercanas a las toxicas, sin embargo datos recientes sugieren que se obtienen mejores resultados con niveles bajos. La digoxina luego de su absorción (50-80%), se conjuga con las proteínas plasmáticas en un 25% y el equilibrio en su concentración se logra con la administración oral crónica en 4 o 5 vidas medias, o sea cerca de 7 días, a diferencia de su administración venosa que puede ser más rápida (30 minutos). Esto permite administrar la dosis parenteral de carga en forma completa y lenta, por su efecto vasoconstrictor directo, (hasta 15 mcg/Kg) sin efectos adversos importantes y controlar los niveles a las 8-12 horas de administrada. Si se cambia la dosificación oral se debe esperar al menos 7 días para reevaluar la concentración sérica con la nueva dosis. Se metaboliza en el hígado solo un 6%, se excreta por el riñón y su vida media es de 36 horas. Por esta razón la dosis de carga debe ajustarse de acuerdo a las pérdidas diarias, alrededor del 25% de la droga en sujetos normales, de la siguiente manera:
% perdida diaria= 14 + depuración de creatinina (ml/min)/5
El resultado se multiplica por la dosis de carga administrada que obtuvo el nivel terapéutico (0-9-2.0 ng/mL), obteniendo así la dosis diaria. Ej: paciente de 70 Kg al que se le administró 15 mcg/Kg, 1050 mcg, con depuración de creatinina de 50 ml/min le correspondería como dosis diaria: % perdida diaria=14+ 50/5= 24%, por la dosis de carga 1050= 250 mcg (0.25 mg). Para obtener concentraciones séricas menores (0.5-0.9 ng/dL) se utiliza la mitad de la dosis de carga y de sostenimiento.
La digoxina tiene alta unión a tejidos por lo que no es eficientemente removido del organismo con la diálisis y por lo tanto se debe ser evitar su utilización en pacientes con falla renal concomitante avanzada. Tiene numerosas interacciones con otros medicamentos cardiovasculares, especialmente con propafenona, verapamilo y la amiodarona que disminuyen su depuración renal, el omeprazol que aumenta su absorción y la tiroxina que aumenta la depuración renal entre otros.
Efectos clínicos.
La mayoría de los estudios clínicos iniciales con doble enmascaramiento demostraron un efecto benéfico de los digitalicos en pacientes con falla cardiaca congestiva en ritmo sinusal. Un metananálisis reciente de la colaboración COCHRANE demostró diferencias significativas en la tasa de hospitalizaciones y descompensaciones por falla cardiaca sin efecto sobre la mortalidad. El NNT calculado para los diferentes estudios fue de 13-17. Es importante mencionar que el mayor número de pacientes fue aportado por un solo estudio (DIG), la mayoría de ellos tenían entre 20-213 pacientes y fueron realizados en la época previa a la introducción de los betabloqueadores.
Los estudios RADIANCE y PROVED analizaron el efecto de la suspensión del digital en pacientes con falla cardiaca, encontrando aumento de hasta seis veces en la probabilidad de empeoramiento de la falla cardiaca. Es de igual forma, importante resaltar, que los pacientes del estudio PROVED recibían solo diuréticos como terapia mientras que el RADIANCE incluía IECAS y diuréticos, y algunos pacientes con nitratos.      
The Digitalis Investigation Group (DIG).
El estudio DIG fue el primer gran estudio clínico aleatorizado, cuyo principal objetivo era analizar el impacto de la digoxina sobre la mortalidad. A pesar de no estar diseñado para analizar la suspensión del medicamento, un porcentaje importante de pacientes que lo venían consumiendo fueron incluidos, luego de un periodo libre del medicamento. También se incluyó en forma paralela un grupo de pacientes con falla cardiaca y fracción de eyección mayor del 45%. La dosis inicial fue calculada por un algoritmo que tenía en cuenta la edad, sexo, peso y función renal y reajustada de acuerdo a otros factores e interacciones, definidas por los investigadores. Se aleatorizaron 7.788 pacientes a digoxina o placebo con inhibidores de la enzima convertidora como terapia adjunta. Entre los 6.800 pacientes con fracción de eyección reducida se presentaron 1181 muertes (34.8%) en el grupo que recibió digoxina vs 1194 muertes (35.1%) en el grupo placebo (RR .099, IC 95% 0.91-1.07). Se presentaron menos muertes por empeoramiento de la falla cardiaca (RR 0.88 IC 95% 0.77-1.01, p=0.06). El resultado más importante se obtuvo en los desenlaces secundarios, en los cuales se demostró reducción del 6% en la tasa de hospitalizaciones por cualquier causa y del 28% por empeoramiento de la falla (RR 0.72 IC 95% 0.66-0.79, p< 0.001). Teniendo en cuenta que el mayor costo de atencion de los pacientes con síndrome de falla cardiaca congestiva es atribuible al gasto durante las hospitalizaciones, su utilización podría tener un gran impacto económico, adicional al efecto sobre la calidad de vida.
Analisis posthoc y subgrupos del DIG. En un análisis post hoc del estudio DIG se incluyeron los pacientes que al mes de seguimiento tenían medidos niveles séricos de digoxina (1687) y se compararon con los pacientes del grupo placebo vivos al mes (3861). De los pacientes que recibieron digoxina 982  tenían concentraciones séricas bajas (0.5-09 ng/mL) y 705 niveles altos (≥ 1 ng/mL). El grupo de pacientes con concentraciones séricas bajas tuvo menor mortalidad (HR 0.77 IC 0.67-0.89), menor tasa de hospitalizaciones (HR 0.85 IC 0.78-0.92) y menor tasa de hospitalizaciones por falla cardiaca (HR 0.62 IC 0.54-0.72). El grupo de concentraciones altas demostró hallazgos similares sin cambios significativos en la mortalidad. Otro análisis post hoc demostró disminución de la mortalidad en el grupo de pacientes que al mes de seguimiento tenían niveles séricos entre 0.5-0.8 ng/ml, efecto neutro en el grupo con niveles entre 0.9-1.1 ng/ml y aumento en la mortalidad en el grupo con niveles ≥ 1.2 ng/ml.  En el grupo paralelo de pacientes con fracción de eyección mayor del 45% no se encontraron diferencias con respecto al placebo en ninguno de los desenlaces.
De los 7788 pacientes del estudio DIG, 3365 estaban recibiendo digoxina antes de la aleatorizacion, de los cuales 1666 entraron al grupo de tratamiento y 1699 al grupo placebo, o sea, descontinuaron el medicamento.  Por análisis de regresión multivariable se demostró que la suspensión de la digoxina se correlaciona con aumento de la tasa de hospitalización por cualquier causa y por descompensación de la falla cardiaca, sin cambios en la mortalidad. Por otro lado, la continuación de la digoxina con concentraciones séricas bajas (0.5-0.9 ng/mL) se asocia con menor mortalidad (HR 0.75 IC 95% 0.63-0.90), menor tasa de hospitalizaciones (HR 0.80 IC 0.71-0.91) y menor tasa de hospitalizaciones por falla cardiaca (HR 0.60 IC 95% 0.50-0.73). Esto corrobora los resultados de los estudios PROVED y RADIANCE y está en concordancia con los análisis post hoc descritos inicialmente.
Controversia continua o continúa. Datos recientes ponen en tela de juicio el efecto de la digoxina y advierte sobre los riesgos de su utilización. Aunque no hay datos claros del efecto de la digoxina en pacientes que concomitantemente toman betabloqueadores muchos estudios clínicos aleatorizados se realizaron en pacientes con ambas drogas;  en los estudios US Carvedilol trial (91%), COPERNICUS (67%), MERIT HF (64%) y CIBIS 2 (53%) un grado variable de pacientes recibieron digoxina, la cual oscilaba en el rango de 53-91%. Otros estudios clínicos aleatorizados con diversas estrategias también se hicieron en presencia de digoxina como el CARE (45%) y el SCD-HeFT (73%). Datos del US Carvedilol trial y Australia/New Zeland trial sugieren un efecto similar del carvedilol en el grupo de pacientes con o sin digoxina.  Otro análisis retrospectivo de 455 pacientes con falla cardiaca avanzada referidos para trasplante no encontró diferencias con el uso de digoxina en el desenlace compuesto de muerte, trasplante urgente o necesidad de implantación de dispositivo de asistencia ventricular.
Datos recientes del estudio AFFIRM renuevan la controversia. El estudio AFFIRM se diseñó para comparar dos estrategias de manejo de pacientes con fibrilación atrial, control de frecuencia vs control del ritmo, en pacientes de alto riesgo para enfermedad cerebrovascular. Se incluyeron 4060 pacientes con seguimiento promedio de 3.5 años. En análisis de regresión multivariado se encontró que la digoxina se asocia a aumento de la mortalidad (HR 1.41 IC 95% 1.19-1.67), aumento de la mortalidad cardiovascular (HR 1.35 IC 95% 1.06-1.71) y mortalidad de causa arrítmica (HR 1.61 IC 95% 1.12-2.30). La mortalidad fue mayor tanto en el grupo con falla cardiaca como en los que no la padecían. Hay que hacer precisión en varios aspectos, el primero es que este no fue un estudio diseñado para evaluar el efecto de la digoxina, segundo el medicamento se utilizó en conjunto con otros bloqueadores del nodo AV como calcioantagosnitas y betabloqueadores y solo el 17% recibieron digoxina en forma aislada, y por ultimo no se tomaron en cuenta los niveles séricos y precisamente en este último grupo se sugirió dosis altas (concentraciones séricas > 1 ng/mL) para control de la respuesta ventricular.
Nuevos subanálisis del DIG. Dos nuevos subanálisis presentados recientemente en congresos internacionales y publicados en versión on line, arrojan nuevos datos con respecto al efecto de la digoxina. El primero publicado en el European Journal of Heart Failure reporta los datos de tres grupos de alto riesgo pre-especificados en el estudio DIG: NYHA clase III y IV, índice cardiotorácico > 55% y FE< 25%;  en los tres subgrupos la digoxina reduce el desenlace primario en comparación al placebo en forma significativa. En el segundo publicado en el American Journal of Medicine se demostró reducción de la tasa de hospitalizaciones a 30 días en pacientes ancianos con falla cardiaca congestiva.     
Recomendaciones de las guías clínicas. Con base en el análisis de estos estudios las guías americanas de falla cardiaca de la AHA recomiendan el uso de la digoxina como clase IIa en pacientes con síntomas previos de falla cardiaca para disminuir el número de hospitalizaciones con nivel de evidencia B. Las guías europeas la recomiendan en pacientes con falla cardiaca NYHA II-IV con FE < 45% que no toleran betabloqueador o que persisten sintomáticos a pesar de estos, para disminuir las hospitalizaciones, como IIb con nivel de evidencia B, en ambos casos. Las recientes guías canadienses de falla cardiaca la recomiendan con el sistema GRADE en pacientes sintomáticos a pesar de terapia medica optima en ritmo sinusal para mejorar los síntomas y disminuir las hospitalizaciones, recomendación fuerte a favor calidad de la evidencia moderada; y para pacientes en fibrilación atrial crónica y pobre control de la respuesta ventricular a pesar del uso de betabloqueadores o porque están contraindicados, recomendación fuerte a favor con calidad de la evidencia baja.      

Bibliografia
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domingo, 10 de junio de 2012

REVASCULARIZACION MIOCARDICA EN FALLA CARDIACA


REVASCULARIZACION MIOCARDICA EN FALLA CARDIACA
Son escasos los estudios aleatorizados que demuestren el beneficio de la cirugía de revascularización en pacientes con disfunción ventricular avanzada, dado que los estudios iniciales excluyeron sistemáticamente a estos pacientes por su alta mortalidad operatoria, sin embargo en los años 70, tres estudios que compararon manejo medico vs cirugía incluyeron algunos pacientes con disfunción ventricular.  Los estudios VACS, Veterans Administration Cooperative Study, ECCS, European Cooperative Coronary Study, y el CASS, Coronary Artery Surgery Study, demostraron beneficios en mortalidad en los pacientes con enfermedad coronaria severa de tres vasos o de tronco y disfunción ventricular. Adicionalmente en el CASS se demostró una disminución de la mortalidad relacionada con muerte súbita, en pacientes con enfermedad de tres vasos e historia de falla cardiaca la incidencia de muerte súbita fue del 31% en el grupo de manejo medico en contraposición al grupo de tratamiento quirúrgico en el que la incidencia fue de tan solo el 9%.   A pesar de estos datos, se debe tener en cuenta que estos estudios fueron realizados en pacientes con angina y no con síndrome de falla cardiaca y realizados en la primera década de la cirugía cardiovascular.  Estudios observacionales actuales han demostrado una baja tasa de mortalidad en pacientes con cardiomiopatía isquémica sometidos a cirugía de puentes coronarios.  El registro de la Universidad de Duke en más de 25 años de experiencia demostró menor mortalidad en los pacientes tratados quirúrgicamente vs manejo medico, independiente de la fracción de eyección, la edad, el estado funcional y la presencia de angina. 
El advenimiento de nuevas técnicas y de terapia coadyuvante ha permitido disminuir dramáticamente la mortalidad intraoperatoria de los pacientes con enfermedad coronaria y disfunción ventricular. 
La pregunta es si la realización de cirugía de puentes coronarios mejora la función ventricular a largo plazo y si esta mejoría se refleja en cambios en la curva de sobrevida.  La pregunta se exploró en el reciente estudio STICH, Surgical Treatment for Ischemic Heart Failure, el cual fue publicado en New England Journal of Medicine. El estudio incluyó 1212 pacientes con fracción de eyección menor del 35%, susceptibles de revascularización quirúrgica para aleatorizarlos en un grupo de manejo medico comparado con manejo medico y revascularización con puentes coronarios, demostrando que no hay diferencias entre las dos alternativas de tratamiento en cuanto al desenlace primario que fue mortalidad de cualquier causa, con una tendencia a menor mortalidad de causa cardiovascular (HR 0.81 IC 95% 0.72-1.04 p=0.05).     
Fisiopatología de la Cardiomiopatía isquémica
La concepción inicial de la disfunción ventricular izquierda en la enfermedad coronaria contemplaba únicamente el efecto de la necrosis y cicatrización como causante.  El concepto de viabilidad miocárdica y de isquemia silenciosa cambió la visión de la cardiopatía isquémica, demostrando la presencia de tejido disfuncional viable y la aparición de los conceptos de miocardio aturdido e hibernante.  El miocardio aturdido se refiere a la alteración en la función contráctil generada por un episodio o episodios repetidos de isquemia miocárdica con restauración completa o casi completa de la perfusión posteriormente.  La hibernación se refiere a la alteración en la contractilidad secundaria a un estado de hipoperfusión crónica como respuesta adaptativa de la célula para mantener su integridad.  El miocito puede mantener su integridad a pesar de disminuciones tan severas del flujo sanguíneo de hasta el 40-60%, reducciones mayores ponen en riesgo la membrana celular y generan cambios metabólicos que intentan evitar el daño por hipoxia, sin embargo a pesar de que estos cambios protegen la membrana no pueden evitar las alteraciones funcionales.  La comprensión de este concepto permite explicar la recuperación funcional luego de mejorar el flujo sanguíneo coronario con revascularización quirúrgica o percutánea.  La pregunta difícil de responder es cuanto miocardio viable es necesario para predecir una adecuada recuperación de la función ventricular postquirúrgica? 
Evaluación de la Viabilidad Miocárdica
La viabilidad miocárdica puede evaluarse por medio de ecocardiografía, medicina nuclear o resonancia magnética nuclear.
Ecocardiografía.  La utilización de ecocardiografía de estrés con bajas dosis de dobutamina permite establecer mejoría en la contractilidad en los segmentos disfuncionales pero viables, el aumento de la dosis genera nuevamente cambios en la contractilidad al inducir isquemia, lo que se conoce como respuesta bifásica, este patrón predice recuperación funcional postquirúrgica.  La presencia de segmentos con grosor diastólico menor de 6 mm evidencia segmentos cicatrizales sin viabilidad.  La ecocardiografía de contraste miocárdico permite identificar zonas de intensidad del contraste homogéneo que son característicamente viables, tiene una alta sensibilidad para predecir recuperación funcional pero baja especificidad.  La experiencia en nuestro medio para evaluar viabilidad por ecocardiografía es bastante escasa, por lo cual no es una buena alternativa.
Medicina nuclear
Tomografía por Emisión de Fotón Único (SPECT).  Es una modalidad ampliamente disponible y validada para evaluar viabilidad miocárdica.  Tiene alta sensibilidad pero menor especificidad, aunque esta última mejora con la técnica gatillada (Gated SPECT).  Los trazadores actualmente disponibles con el talio 201 y el tecnecio 99.
Tomografía por Emisión de Positrones.  Utiliza imágenes de perfusión con amonio y metabolismo con F-fluorodeoxiglucosa.  Las regiones que demuestran concordancia en la reducción tanto de la perfusión como del metabolismo  se consideran con daño irreversible y cuando existe discordancia con captación normal en la imagen metabólica a pesar de un defecto de perfusión se consideran isquémicas pero viables.  Esta técnica se considera la prueba de oro para establecer viabilidad.    
Resonancia Magnética Nuclear.  Es la técnica con mayor precisiciòn en la evaluación de la viabilidad miocárdica. Proporciona información valiosa en cuanto a función regional, engrosamiento parietal, obstrucción microvascular, defectos de perfusión, áreas de fibrosis y trasmuralidad del defecto.
Intervención Coronaria Percutánea
La intervención coronaria percutánea produce mejoría en la calidad de vida y posiblemente en la sobrevida en pacientes con enfermedad coronaria y falla cardiaca.  En el contexto de la evaluación de viabilidad miocárdica, algunos pacientes pueden presentarse con enfermedad coronaria severa de tres vasos pero con grandes áreas de necrosis y un territorio viable e isquémico, por lo que podría asimilarse al paciente con compromiso de un vaso y por ende de un solo territorio isquémico, en el cual el riesgo quirúrgico superaría el potencial beneficio, a menos que dentro de un protocolo de investigación se realice revascularización quirúrgica e implantación de células madre en el territorio necrótico con el objetivo de producir regeneración miocárdica.
La definición de tejido viable permite establecer la posibilidad de recuperación funcional luego de revascularización y por lo tanto nos permite definir la estrategia terapéutica (Véase Figura 1).
Figura 1. Algoritmo de tratamiento de acuerdo a la presencia de viabilidad 
            
En conclusión, la cirugía de puentes coronarios es segura y efectiva en pacientes seleccionados con cardiopatía de etiología isquémica, con mortalidad operatoria del 5.3%, especialmente si se demuestra viabilidad en grandes zonas del miocardio en pacientes con enfermedad de tres vasos, con compromiso del tronco de la coronaria izquierda o tronco equivalente.  Para mejorar los resultados a largo plazo se sugiere utilizar en lo posible puentes de arteria mamaria, adecuada protección miocárdica y revascularización completa con permeabilidad de los puentes y sin enfermedad distal.     

domingo, 20 de marzo de 2011

DIAGNOSTICO Y CLASIFICACION DE LA FALLA CARDIACA

Los síntomas cardinales del síndrome de falla cardiaca son la disnea y la fatiga, que limitan la tolerancia al ejercicio, y la retención de líquidos, que produce congestión pulmonar y edema periférico. Sin embargo, algunos pacientes pueden manifestar fatiga o disnea sin evidencia de retención de líquidos o presentarse con edemas sin otras manifestaciones. Adicionalmente, es claro que la sintomatología no tiene una correlación directa con la función ventricular, puesto que hasta un 20% de los pacientes que tienen una fracción de expulsión menor del 40% no tienen criterios de falla cardiaca y solo el 42% de los pacientes con fracción de expulsión menor del 30% tienen disnea de esfuerzo. Otro aspecto importante que se debe resaltar es que la sensibilidad y especificidad de los signos y síntomas para diagnostico de falla cardiaca no son adecuadas y existe una gran variabilidad interobservador, por esta razón existe un diagnostico inadecuado en el 50% de los pacientes lo que se conoce como la regla de las mitades: la mitad de los pacientes en tratamiento para falla cardiaca no padecen la enfermedad y la mitad de los pacientes con la enfermedad no tienen tratamiento adecuado. Las causas más frecuentes son la enfermedad coronaria, la hipertensión, la enfermedad valvular y la cardiopatía dilatada idiopática.

El diagnostico se establece con la sospecha clínica, especialmente en pacientes de alto riesgo, y la realización de una radiografía de tórax, el electrocardiograma de doce derivaciones y los niveles séricos de péptido natriurético cerebral (Véase Grafica 1). La respuesta clínica al tratamiento para falla cardiaca no es suficiente para establecer el diagnostico, pero es un dato valioso en pacientes con dificultades en el diagnostico.
Los niveles de péptido natriurético en suero son útiles como marcadores en el diagnóstico de falla cardiaca y en el manejo de pacientes con enfermedad crónica establecida. Esta establecida su utilidad en el diagnóstico, estadificación, en la decisión de hospitalización o manejo ambulatorio y en el pronóstico. Su uso en el monitoreo y ajuste de la terapia no está bien establecido y probablemente solo refleja un manejo inadecuado en pacientes con niveles elevados y dosis subóptimas de medicamentos, dado que estos no deben titularse por síntomas. Niveles de péptido natriurético cerebral (BNP) mayores de 400 picogramos/mL o de la porción N terminal del pro BNP mayores de 2.000 picogramos/mL (pg/mL) confirman el diagnostico, niveles de BNP entre 100-400 pg/mL o de NT-pro BNP entre 400-2000 pg/mL sugieren el diagnostico y niveles de BNP < 100 pg/mL o de NT pro BNP < 400 casi que descartan la presencia de falla cardíaca.

Grafica 1. Algoritmo para diagnostico de falla cardiaca


Otro marcador de utilidad es la Troponina I o T, dado que tiene importancia pronostica. Pacientes con niveles de BNP y troponina elevados el riesgo de muerte es 12 veces mayor. Además, en pacientes con síntomas sugestivos de enfermedad isquémica cardiaca permite establecer el diagnostico, siempre y cuando demostremos el patrón de ascenso y descenso típico del infarto de miocardio. Se debe establecer diagnóstico diferencial con episodios de miocarditis aguda que también producen liberación de troponinas o en presencia de disfunción ventricular asociada a sepsis. Otros marcadores son útiles en el contexto de investigaciones clínicas, pero no en la práctica clínica diaria.

Grafica 2. Algoritmo Diagnostico en Falla Cardiaca
 

Tomado de: ESC Guidelines 2008

Luego de establecer la causa del síndrome, se debe determinar la posible causa de descompensación en un episodio específico. Las más frecuentes son: falta de adhesión al manejo farmacológico tales como el exceso de ingesta de sodio, de líquidos o la suspensión o disminución de la medicación, isquemia miocárdica, arritmias, condiciones médicas asociadas tales como fiebre, infecciones, hipertiroidismo, embolismo pulmonar, hipertensión no controlada y la administración concomitante de drogas inotrópicas negativas o retenedoras de volumen. Es importante tener en cuenta los factores de riesgo y las comorbilidades que frecuentemente se asocian a la falla cardiaca.

El estado funcional de acuerdo a la clasificación de la Asociación del Corazón de New York permite establecer el pronóstico y correlacionar con las medidas de consumo de oxígeno (Véase Tabla 1).

Tabla 1. Clasificación del estado funcional de Acuerdo a la New York Heart Association (NYHA)

Clase            Síntomas                     VO2             Mortalidad

I                   Asintomático                20 o más

II                 Actividades comunes  16-20            5-10%

III               Cualquier actividad     10-15            10-20%

IV                Reposo                          10 o menos   20-50%

Sintomas: disnea, angina o fatiga.

La disfunción ventricular izquierda se inicia con una injuria o estrés impuesto sobre el miocardio y es de naturaleza generalmente progresiva, aun sin un nuevo episodio identificable de daño del cardiomiocito. La principal evidencia de tal progresión lo constituye el cambio en la geometría y la estructura del ventrículo izquierdo, proceso conocido como remodelación ventricular. En dicho proceso intervienen mecanismos de compensación hemodinámicos y neurohormonales, que si se perpetúan aceleran el proceso de remodelación al alterar en forma desfavorable las cargas impuestas al cardiomiocito. Estos factores aumentan el estrés hemodinámico tanto sistólico como diastólico, retienen sodio con el consecuente aumento de la precarga, producen vasoconstricción y por ende aumentan la poscarga y poseen un efecto toxico directo sobre la célula llevando a necrosis e inducción de apoptosis, convirtiendose en un ciclo vicioso que lleva inexorablemente a la progresión de la enfermedad (Véase Figura 2). El síndrome de falla cardiaca puede, dentro de este contexto, caracterizarse en cuatro estadios, cuyo objetivo es enfatizar en el tratamiento del paciente con factores de riesgo para desarrollarlo.

Figura 2. Clasificación por estadios de la falla cardiaca.

Bibliografía
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